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El níscalo

Nos encontramos en plena temporada de níscalos o rovellon, una de las setas más conocidas, apreciadas y comunes en la geografía española. Si bien este año su llegada ha sido un tanto tardía debido al tiempo seco y soleado que ha hecho durante los meses de septiembre y octubre, las últimas lluvias y el paso a una situación más otoñal han posibilitado su aparición.

El níscalo, cuyo nombre científico es Lactarius deliciosus, se encuentra principalmente en zona de pinares y es muy abundante en años lluviosos. Es una de las setas más fáciles de identificar. Su color es homogéneo y anaranjado y posee un sombrero carnoso de un tamaño que puede oscilar entre los 4 y los 12 centímetros, el pie es bastante corto, cilíndrico y también de color anaranjado.

Por lo general, los níscalos abundan cerca de las raíces de los pinos en terrenos bien drenados y arenosos. Prefieren los montes bien iluminados y los pinares muy jóvenes, de unos 5 años, o ya adultos de más de 100 años. La mejor temporada para salir a recoger níscalos es la que va de mediados de octubre a mediados de noviembre ya que es cuando estos hongos son más abundantes.

El níscalo o rovellón es también muy apreciado en la cocina. Es cierto que hay otras setas mucho más finas y con texturas más estructuradas pero el níscalo se presta a un sinfín de preparaciones y en todas ellas destaca por su delicioso sabor. Con arroz, guisados con patatas, acompañando carnes de caza, a la plancha o a la parrilla, los níscalos son un manjar que despertará todos nuestros sentidos.

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